En ese mismo momento, al otro lado de la ciudad, Xiomara caminaba de un lado a otro en la sala de su departamento. Estaba desesperada, fumando un cigarrillo tras otro porque no tenía ni un solo centavo en los bolsillos y las cuentas se le venían encima. Con los dedos temblando por los nervios, agarró el periódico que estaba sobre la mesa para distraerse, pero al ver la portada, casi se le cae el cigarrillo de la boca. Sus ojos se abrieron con horror.
—¡¿Quéeee?! ¡La coja se casó con Alejandro