Horas más tarde, Cristina regresó a la casa. El silencio en la sala era pesado, y Alejandro la estaba esperando, caminando de un lado a otro. En cuanto la vio entrar, se detuvo, sintiéndose un poco culpable por cómo habían terminado las cosas.
—¿Cristina? Yo... lamento mucho lo que pasó. No fue mi intención, yo...
—Está bien, no sigas —lo cortó ella de inmediato, con una calma que a Alejandro lo tomó por sorpresa—. Nunca has sido bueno para pedir disculpas. Como te dije antes, ya estoy acos