Capítulo 60. Estaba prohibido enamorarse.
—Eres un aprovechado, niño Barrett… —exclamó Lizbeth entre gemidos, sintiendo como Sebastián la cogió de la barbilla con delicadeza. Sus ojos, amplios, se mostraron sorprendidos, y brillaban con incertidumbre y fascinación.
—Te amo— le confesó él, y sus palabras flotaron en el aire, dándole tiempo a reaccionar. Ella no pudo decir una sola palabra, simplemente parpadeó, provocando que sus largas pestañas hicieran sombra sobre sus mejillas sonrosadas, mientras percibía cómo él, posó un encendido