Capítulo 14. ¡No soy una sirvienta!
—Pueden instalarse a gusto — dijo la anciana Barrett con una sonrisa de triunfo en los labios; algo que estaba haciendo que Sebastián se quisiera morir.
Lizbeth corrió a poner seguridad a la puerta y empezó a caminar como un pájaro enjaulado, de un lado a otro, mientras se comía la uña de su dedo pulgar.
—¡Ya detente!, Lizbeth, me estás mareando — le reprendió Sebastián, respirando con dificultad. Odiaba cuando algo no salía como él quería y tenía que hacer lo que los demás disponían.
—Esto fue