Como Shelley había prometido en pocas horas ya había acordado una reunión con los Graham y estaba de vuelta en su habitación, el dolor de cabeza había desaparecido y el no creía que hubieran sido solo los medicamentos.
— Toma otro baño para bajar la fiebr, —le había aconsejado. —La próxima pastilla te toca a las cuatro de la madrugada y luego otra a las ocho de la mañana, pon una alarma y no te las saltes, —le sonrió cálidamente acariciándole la mejilla. —Buenas noches, —le dio un ligero beso e