Unas horas después, estaban acurrucados en el sofá viendo una película y comiendo palomitas de maíz, Shelley llevaba una camiseta holgada de Cedric mientras este solo tenía unos pantalones de pijama con el pecho desnudo, se habían duchado tras otra ronda en la habitación y otra en el baño, pero no estaban cansados, relajados sí, pero no cansados.
— ¿De verdad tienes que irte? —preguntó distraído, sin apartar la mirada del televisor.
— ¿Te has enamorado de mí? —se burló ella a cambio.
— Quizás