EDON
—No, no, no, no —grité enfurecido —¿Por qué tú?
Me encontraba devastado, solo de pensar que mi mate, mi compañera, la mujer que amaba me había traicionado de esa manera, mucho peor que ella fuera la asesina de mi madre.
»No, no, no. —golpeaba la pared de mi habitación. Las paredes eran suficientes fuertes para soportar mis golpes. Estaba aquí encerrado para que nadie notara mi estado emocional.
Toc, toc, toc.
Tocaron a mi puerta.
—¡No quiero ver a nadie!
—Señor, soy el médico —gritó