—¡Circe!… ¡Circe! —Abrí mis ojos y me encontré con Fray —Mujer, ¿qué haces aquí? —Me tomó de las manos y me ayudó a levantarme.
—¡Rayos! Tengo un terrible dolor de espalda. —me quejé.
—Y no es para menos, te quedaste toda la noche aquí.
—¿Toda la noche? Con razón siento tanto dolor en la espalda. —Me recosté en la cama para aliviar la espalda. — ¿Qué le pasa a tu hermano? No puede tratarme de esa manera. Esto es un secuestro. —mencioné
—Me disculpo por sus acciones, pero ¿Es cierto que intenta