Sus labios eran firmes como las rocas, suaves como los algodones de azúcar y deliciosos como una paleta de dulce. Increíble que un ser tan despreciable como Edón, tuviera unos sexis labios y me causaran fuego interior.
Hace segundos tenía un gran enojo en contra de este hombre, pero ahora esa energía se estaba convirtiendo en pasión.
Edón me empujó hacia uno de los árboles que estaban en el jardín, sin separarse de mis labios. Sentí sus manos, tomar mi cintura y levantarme del suelo, como un p