Cuando Silvia salió del dormitorio, descubrió que Daniel ya se había marchado. En la mesa del comedor había dejado el desayuno preparado para los dos.
Después de asearse y desayunar, Silvia se aplicó el ungüento para quemaduras. Vivian seguía durmiendo.
Mientras reflexionaba sobre la condición de Vivian, recibió una llamada de un número desconocido.
Contestó con curiosidad:
—¿Hola? ¿Quién habla?
Una suave risa resonó al otro lado de la línea, seguida por la voz de Fabiola:
—¿Tan pronto has olvid