Knut asintió y le sonrió. Llenó la bañera con agua caliente y comprobó la temperatura con el dorso de la mano. Luego, le quitó la bata a Astrid con cuidado y la admiró con amor.
—Eres tan hermosa —le susurró al oído—. La estrella más preciosa de la galaxia.
Astrid se sonrojó y se dejó abrazar por él. Knut la alzó en brazos y la metió en el agua con delicadeza.
Se sumergió en el agua, dejando al descubierto solo su rostro pálido. El vapor caliente le ruborizó las mejillas, dándole un aspecto de