El nombre de Marietta golpeó a Astrid como un rayo, haciéndola temblar de pies a cabeza. Sus oídos se pusieron alertas, buscando alguna explicación.
—¿Marietta? ¿Le diste cien de los grandes a Marietta? —preguntó con voz entrecortada, después de un largo silencio de incredulidad.
Knut la observó con extrañeza, sin entender por qué su enemiga estaba tan alterada. Pero no tuvo tiempo de indagar más, pues su esposa ya se había lanzado con sus tacones altos y su vestido deslumbrante hacia la salida