Lyra
Todo sucedía tan rápido que apenas podía procesarlo, y eso era precisamente lo que me aterrorizaba. Estaba dentro de su territorio, un lugar donde no había nadie que pudiera ayudarme.
—No pasará nada si te mantienes tranquila —me dijo Thane al bajar del avión—. Nadie te tocará ni un solo cabello. Estarás bien.
—¡Déjame! —le grité, sintiendo cómo las lágrimas amenazaban con asomarse—. ¿Por qué me haces esto, Thane? Eres tú quien me dejó.
—Nunca debiste casarte con nadie más, mi dulce Lyra.
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