Capítulo extra IV.
Alan.
Corría por el bosque cubierto de nieve olfateando a mi presa. La soga en mi cuello había dejado de molestarme hace años, así que cuando se atoró con una rama gruesa entre los arbustos, simplemente tiré fuertemente para liberarme importándome una m****a si me hería en el proceso.
Las heridas y la sangre eran algo constante en mi vida.
Era bastante consciente de los lobos que mi padre había enviado para vigilar que no escapara. Era una pérdida de tiempo, no escaparía; al menos, no solo.