Capítulo 10.
-¡Joder, Vanesa! – Gritó mi hermano por teléfono y yo di un respingo mientras dejaba caer el aparato. Lo recuperé rápidamente y mi hermano seguía despotricando.
Entendía por qué estaba enojado, pero solo había sido una pequeña broma.
-Deja de gritar. – Murmuré cuando hizo una pausa para tomar aire. - ¿Y yo cómo iba a saber que se ofendería tanto?
-Tienes suerte de que el jodido lobo desquiciado no te haya arrancado el cuello en ese momento o que no pueda permitirse declarar una m*****a guerra