Valery parpadeó un par de veces cuando la luz del sol le dio en la cara, y tuvo que acostumbrarse a ella. En silencio, contempló el viejo granero ubicado a las afueras de la ciudad donde la habían traído.
No era que hubiera visto mucho del camino, gracias a la capucha que le habían puesto, sin embargo, era lista y había sabido diferenciar el cambio del trayecto y el sonido del sendero pedregoso por donde habían venido.
Dos hombre fornidos la agarraron a Valery por los brazos como si de una plum