La puerta de la residencia Johns se abrió y el corazón de Andrew se aceleró aún más al ver el auto que le había regalado a Valery estacionado en el frente. Su consciencia le decía que se marchara, que no tenía nada que buscar allí, pero su corazón tenía voz propia.
Por un momento creyó que no encontraría las palabras al tener frente a sí al padre de Valery, quien lo miraba con una mezcla de curiosidad y enojo.
Antes de que el señor Johns apareciera, Andrew tenía cerca de veinte minutos en el po