Inténtalo.
Una incesante gotera en una esquina era el único ruido que rompía el ensordecedor silencio de la habitación y Valery la contemplaba, incapaz ya de moverse.
Estaba cansada y hambrienta, y aunque por dentro tenía todo el deseo del mundo de luchar, no tenía fuerzas para seguir intentándolo. Según sus cálculos, llevaba en aquella prisión más de un día, y eso mismo tenía sin comer.
Si no hubiera perdido tanto peso en las últimas semanas, quizás se hubiera sentido mejor, pero lo cierto era que las ná