Nuevo pacto.
En el interior de la casa, Valery se había quedado de piedra, por lo que corrió al minibar a servirse un enorme vaso con agua. Las manos le temblaban y trató de calmarse, sin éxito.
Para ella era excesivo todo lo que estaba viviendo y no terminaba de asimilar un golpe para recibir el otro.
—Dime que eso no pasará —rogó con un murmuro, sin atreverse a verle la cara a su marido.
Andrew se le acercó, y trató de acariciarle el cuello, pero ella se alejó. Esta vez no permitiría que su toque le nub