Juntos contra el mal.
No estoy muerto, no estoy muerto, no estoy muerto. Andrew se repitió la frase una y otra vez, antes de lograr abrir los ojos de una vez por todas. Era imposible que estuviera en el más allá porque era demasiado intenso el dolor que sentía como para no estar vivo.
Su cuerpo se sentía como si un camión le hubiera pasado por encima, y de paso, demolido todos los huesos, sin embargo, el dolor más punzante era en el abdomen, por lo que intentó comprobar con sus manos si era un agujero lo que tenía e