Descuida, yo te cuido.

Los huevos revueltos estaban intactos en su plato, mientras Valery jugaba con ellos y el tenedor. No tenía apetito, a pesar de que la jaqueca había disminuido. Su mente solo pensaba en Andrew y en la desgraciada de Sophia.

Esa mujer le daba mala espina, y él no dejaba de demostrar que era más importante su amistad con ella, que la relación que pudiera existir entre ambos.

Siempre la prefería y eso le dolía, aunque lo mejor que podía hacer era acostumbrarse a ello.

—¿Debería preguntar qué tonto
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