Capítulo 18
La puerta de la casa en las afueras se abrió por fin.

Leonardo salió tambaleándose. A la luz de la luna, Aitana vio su cara deslavada, la mano apretada sobre el vientre; la sangre se filtraba entre los dedos y le había vuelto roja la camisa blanca.

—¿Estás herido? —la voz de Aitana le tembló; estiró la mano para sostenerlo.

Leonardo le sujetó la muñeca de golpe.

—¿Quién te trajo? —gruñó, ronco.

Aitana evitó su mirada. No explicó nada.

—Vete a curarte. A Dylan lo arreglo yo.

Leonardo tiró de ella
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