EN EL HOSPITAL
Fernando apenas cruzó la puerta cuando Frigg se lanzó a sus brazos.
Su cuerpo, blando como el de una serpiente, se enroscó a él, temblando.
—Fer…, me siento mal, tan mal… —murmuró con voz entrecortada.
—¿Qué tienes? ¿Qué te pasa? —preguntó Fernando, intentando apartarla con suavidad, pero Frigg lo abrazó más fuerte.
—Me duele todo… —dijo ella, frotándose contra él, tomando su mano y colocándola sobre su pecho—. Aquí, Fer…, siento como si mil hormigas estuvieran caminando por mí. P