La mirada de Fernando pareció agudizarse antes de soltar un comentario burlón:
—Si algo no tiene futuro, mejor ni te ilusiones.
—¿Y quién te dijo que no habrá futuro? —lo retó Daisy—. Puede que mi querido Javier guste justo de alguien como yo. Al menos él no me mira con esa desconfianza que tienes tú.
Los ojos de Fernando se entornaron, aunque ya no respondió. Simplemente abrió la puerta del copiloto y, sin miramientos, empujó a Daisy para que se sentara.
Daisy optó por no resistirse. A ver con