¿Celoso?
Fernando se hizo la misma pregunta en su interior y la respuesta lo inquietó. Al final, enroscó los labios en una mueca burlona.
—¿Celoso de una exesposa? ¿Eso crees?
A Daisy no le molestó el sarcasmo; al contrario, rio.
—Entonces, ¿qué hago o dejo de hacer, señor Suárez? ¡No es asunto tuyo!
Dicho esto, soltó su mano de la de Fernando.
—¿Alguna otra cosa, señor Suárez? Si no, me retiro. Mi joven amo aún me necesita para atenderlo.
Antes de irse, Daisy esbozó una ligera sonrisa:
—Señor S