Empujó la puerta del cuarto de Daisy, pero no la encontró adentro. La chispa en sus ojos se apagó de inmediato. De pronto, escuchó un ruido en la habitación principal. Su esperanza renació y se dirigió hacia allá con rapidez. Justo antes de abrir, dudó un momento.
Al entrar, se topó con la imagen de Daisy, extendida en la cama con los brazos y las piernas estirados en una pose desinhibida. Los labios de Fernando se curvaron en una sonrisa apenas perceptible, que enseguida reprimió. Se acercó al