Capítulo 16
Apenas se detuvo, Daisy se bajó tambaleándose. Buscó las llaves por todos lados, pero no las encontraba, lo cual la enfureció aún más. Empezó a golpear la puerta.

—¡Fernando, abre la puerta!

—¿No oíste? ¡Apúrate y abre!

Estuvo un buen rato llamando, pero la puerta no se abrió. Con las manos en la cintura, Daisy murmuró:

—¿Crees que por no abrirme no voy a entrar?

Retrocedió unos pasos, tomó impulso y, con un salto ágil, pasó por encima del portón.

Al caer al otro lado, se sacudió las manos con o
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