A Daisy le incomodó verse descubierta. Sin embargo, se recompuso enseguida y respondió sin titubeos:
—Si no fueras hermano de Blanca, tu salud me importaría un comino.
Fernando no se creyó ni una sola palabra.
—Deja ya de engañarte a ti misma.
—El que se engaña eres tú, no yo —le soltó Daisy con ironía evidente—. Si necesitas sentirte importante, ve a buscar a Frigg y no pierdas tu tiempo aquí.
Al oírla nombrar varias veces a Frigg, los labios de Fernando se tensaron. Nunca ha sido de los que se