Las palabras de Lion no fueron un simple consuelo; fueron un muro de granito erigido alrededor del corazón herido de Olivia. El peso de la confesión, la vileza de la revelación sobre Beatriz y Allison, pareció disiparse un poco bajo la solidez de su promesa. No era una promesa vacía, sino la declaración de un hombre que medía cada palabra y cuya lealtad, una vez otorgada, era inquebrantable como una ley de la naturaleza.
Un camarero se acercó, interrumpiendo la intensidad del momento con la rut