(NARRA OLIVIA)
Con tan solo abrir la puerta de la casa, el aroma a comida me invadió, haciendo rugir mi estómago por no haber cenado aún, caminé por el pasillo hasta el gran comedor y allí los encontré, mis padres y mi hermana adoptiva, Beatriz, me esperaban sentados a la mesa, pero ya habían comido y en la mesa solo había sobras, sus siluetas rígidas estaban recortadas contra las luces tenues de los candelabros.
Nadie había dejado un plato para mí en la mesa; ni siquiera una miga de pan, ni ta