La sonrisa finalmente se dibujó en los labios de Álvaro.
—Lo de él, para mí nunca ocurrió. No vuelvas a tener contacto con él.
Gabriela observó el cuello de Álvaro.
Si pudiera, ya habría hundido sus dientes en ese bastardo.
—Responde.
Álvaro le sostuvo el mentón una vez más, mirándola desde arriba, imponente como un tirano.
Gabriela no tuvo más opción que asentir.
—No te gusta Noelia. Cuando tenga el bebé, la enviaré a otra ciudad, lejos. No te molestará.
—Y respecto a tu salud. Cuando termine e