Cuando Noelia salió, Álvaro guardó silencio por un momento. Cintia, satisfecha al principio, comenzó a ponerse incómoda en la quietud de la habitación.
—Estoy tan mal que me dio neumonía… ¿le dijiste eso a Gabriela? —preguntó Álvaro finalmente, sin mirarla, con una voz tan fría que resultaba indescifrable.
—No —respondió Cintia sin pensarlo.
Álvaro frunció el ceño y la miró con dureza.
—¿Por qué no?
—No quiero molestar a Gabriela —soltó Cintia automáticamente.
Los ojos de Álvaro, enrojecidos de