—¡Alvi! ¡Por fin despertaste! —exclamó Noelia, lanzándose hacia él en un llanto desesperado.
Antes de que pudiera alcanzarlo, una voz aguda resonó en la habitación.
—¡Hermano! —gritó Cintia, quien también estaba en la habitación, interrumpiendo el momento. La expresión de Noelia cambió, sorprendida por el grito.
Cintia, en su silla de ruedas, rodeó a Álvaro con sus brazos y fingió llorar con desconsuelo.
—¡Estaba tan preocupada! Creí que no ibas a despertar. ¡Qué angustia!
Álvaro apenas reaccion