—Gabriela, solo estaba preocupado por ti. No quiero que termines cayendo otra vez por esa relación tonta. ¿Por qué eres tan malagradecida?
Gabriela ya no quiso seguir escribiendo. Guardó su teléfono en el bolsillo de su abrigo con un gesto decidido.
Hans la observó y soltó una risa incrédula. ¿Había decidido dejarlo hablando solo?
Justo cuando pensaba que esa “muda testaruda” lo había dejado sin respuesta, Gabriela sacó de su bolso un pequeño bloc de notas y un bolígrafo. Con trazos firmes y ráp