De inmediato, el rostro del chico se tiñó de rojo. Había insistido en que lo reconociera como el número uno y, ahora que lo hacía, él se moría de vergüenza.
—Bueno… —murmuró—, así está mejor.
En el escenario, Hans había estado pendiente de Gabriela todo el tiempo, incluso cuando sus compañeros hacían sus solos. Le daba un poquito de celos verla tan concentrada con cada actuación. Un orgulloso leonino necesitaba sentir que su luz era única para la persona que le importaba.
Mientras charlaban, Han