Con el inicio de los acordes de la siguiente canción, las luces del escenario se atenuaron, y en las pantallas solo quedó la imagen de Hans sentado ante el micrófono, sosteniendo su guitarra. Después de que el público se desahogara con otra ronda de gritos ensordecedores, volvió el silencio, dejando el estadio a la expectativa. Hans tenía un timbre cálido y envolvente, y en ese ambiente íntimo, su voz resultaba más conmovedora que nunca.
Mientras él interpretaba la canción, en una plataforma ane