A un lado, Cristóbal la observó con atención. Nadie imaginaría que, tras esa apariencia segura y tranquila que mostraba, su alma nunca había hallado un verdadero descanso.
Durante mucho tiempo, lo consumía una rabia silenciosa, un ansia de venganza para hacer justicia por su madre y por sí mismo. Pero, en aquel instante, compartiendo el viento y el sol con Gabriela, sintió como si algo dentro de él se aligerara. Tal vez el cielo, compadeciéndose de su oscuridad, le estaba regalando un poco de lu