Hasta ese momento, había creído que eran simplemente conocidos ocasionales con un aire de complicidad, tal vez algo más que amigos.
Cristóbal parpadeó y luego encendió el motor del auto con una sonrisa:
—Nos conocemos desde hace mucho. Ella es medio año mayor que yo, y de niños yo le decía «Sis» por costumbre. Al crecer, nunca dejamos el hábito.
—¿Así que amigos de la infancia? —indagó Gabriela.
Cristóbal se apresuró a negar:
—No te confundas, no hay nada romántico entre nosotros. De verdad somo