—Marcela, ni tú misma puedes salir bien librada de esta, ¿y pretendes cargar con los demás? —comentó Fernanda, ya sin su atuendo de práctica, luciendo ropa de diseñador de pies a cabeza.
—¿Y eso qué te importa? —respondió Marcela, interponiéndose para proteger a su gente.
—No creerás que, después de dejarme en ridículo, todo quedará así, ¿verdad? —Fernanda se detuvo frente a Marcela. Era más alta que ella, y la miró con desprecio, como si estuviera frente a un insecto—. ¿Por qué no lo averiguas?