Gabriela dudó un instante. Sospechaba que Cintia ni siquiera sabía que ella había estado a punto de matar a Álvaro.
Cualesquiera que fueran los afectos de Cintia, jamás se compararían con el hecho de que su hermano había estado al borde de la muerte.
—Cintia… —dijo con un suspiro, pasándose la lengua por los labios resecos—. Ya no deseo seguir relacionada con la familia Saavedra. Te deseo lo mejor, de verdad… pero hasta aquí llegamos.
Con esas palabras, Gabriela cortó la comunicación y, acto seg