Carmen esquivó la mirada, evitando confirmar nada.
—Las fiebres y pesadillas duraron casi medio año. Hasta que, quizás sintiéndose al fin un poco seguro, dejó de tenerlas con tanta frecuencia, y tampoco se enfermaba tanto durante la noche. De ahí en adelante se mostró muy sano, aunque crecía poco —Gabriela evocó ese recuerdo, y la dureza de su expresión se suavizó—. Colomba temía que fuera algo más grave y pensaba llevarlo a un hospital grande. Sin embargo, justo en ese verano pegó un estirón in