Al oírlo, Kian reaccionó sin pensárselo:
—Igual, de aquella época, el jefe no le habría permitido continuar con ese embarazo…
Al soltar la frase, él mismo quedó atónito. Recordaba que, poco después de la boda, Álvaro le advirtió a Gabriela que no quería hijos, y que si ella se atrevía a quedar embarazada, él se encargaría de detenerlo.
Mientras lo procesaba, un escalofrío le recorrió la espalda.
—Pase lo que pase, mientras el señor Álvaro siga debatiéndose entre la vida y la muerte, no vas a hac