—Organizaré todo —afirmó Cristóbal, inclinando la cabeza en una reverencia que sonó a golpe seco contra el suelo.
Santiago suspiró con amargura y, con la mano temblorosa, acarició la cabeza de su hijo:
—Ojalá viva lo suficiente para ver nacer a tu criatura. Me encantaría ponerle un nombre hermoso.
—Claro que sí, padre. Lo verá y lo criará —murmuró Cristóbal, con la voz teñida de esperanza.
El anciano sonrió con tristeza, consciente de que sus fuerzas estaban mermadas.
A la mañana siguiente, un j