A la hora de cenar, las náuseas de Gabriela empeoraron y, tras varios vómitos que la dejaron mareada, recordó que la última vez que se sintió así de nerviosa fue el día en que ocurrió el accidente de Emiliano. Una sombra de temor se instaló en su pecho.
Entonces, regresó a su cuarto y llamó a Laura. Generalmente, cuando Álvaro salía de la ciudad, Laura solía acompañarlo.
—Señora… ¿usted me llama? —contestó ella con evidente sorpresa.
—Sí, quiero saber qué está pasando con Álvaro. —La voz de Gabr