—Sí, me invitaron a almorzar unos parientes de la familia García, quienes me ayudaron a volver a Midred. Es Año Nuevo, así que no podía decir que no —explicó Gabriela.
—Ah, entiendo —respondió Cintia, soltando un largo bostezo. Dejó intacto el jugo que Gabriela le sirvió y pidió un café bien cargado. Lo bebió como si fuera un trago amargo, de un solo tirón.
—Por cierto, ayer despedí a una empleada. ¿El mayordomo te lo comentó? —preguntó Gabriela.
—Sí, justo iba a sacarlo a colación. ¿En qué esta