—¿Inmadura? Para nada. ¿Acaso no trabajamos duro precisamente para darnos el lujo de vivir con orgullo? Si ahora, siendo la «jefa» de la familia, te toca actuar con miedo y perdonar a quien sea, ¿entonces para qué querrías ese puesto?
—¡Eres la mejor, cuñada! —exclamó Cintia, aferrándose un poco más.
—Cintia, —prosiguió Gabriela—, sé que subiste tan rápido a esta posición en parte gracias a tu hermano. Habrá gente que te critique. Pero escúchame bien: Primero, haber nacido con buena estrella es