La familia Saavedra llevaba varias generaciones sumida en la opulencia. Incluso los parientes más lejanos eran, en cierto modo, gente astuta. Aún así, cuando Vitoria acusó a Cintia la noche anterior, todos habían preferido quedarse al margen, sin que nadie corriera a avisarle a Álvaro. Él sabía perfectamente por qué:
En el fondo, descalificaban a Cintia, pues no la consideraban digna de ocupar el lugar del jefe de la familia en la reunión. Para ellos, el solo hecho de sentarse a la mesa con ella