A la mañana siguiente.
Cristóbal llegó acompañado de una niña pequeña y tocó la puerta de la cabaña de Gabriela. Cuando ella salió, Cristóbal le sonrió con su habitual amabilidad:
—Gabriela, hoy tenemos una misión especial para ti.
Gabriela lo miró, intrigada.
Entonces, la niña, algo sonrojada, se comunicó tímidamente en lenguaje de señas: “Hola, maestra. Me llamo Concepción, pero también puedes llamarme Chocha. ¿Podrías ser nuestra profesora de baile para la presentación de Año Nuevo?”
Cristóba