A pesar de todo el drama del divorcio, si había algo innegable era que, últimamente, Álvaro sonreía más que antes. Parecía haberse desprendido de aquel aire frío y distante que lo caracterizaba.
Kian notó ese cambio. Cierto que le resultaba incómodo pensar que el bebé que Gabriela esperaba podría ser de otro hombre. Sin embargo, al recordar la infancia de Álvaro—criado en una familia acomodada, aunque sin conocer un verdadero amor paternal o maternal—llegó a la conclusión de que, si Gabriela le