Gabriela todavía no había dado ni un paso hacia la salida cuando Álvaro la divisó.
La sonrisa que iluminó su rostro se le notaba incluso bajo la cálida luz amarillenta que colgaba sobre la puerta. Por un segundo, a Gabriela aquello le recordó a los faroles de Mar de Cristal, aquel pueblito costero, cuando la tenue luz bañaba la figura de Emiliano al esperarla junto al camino.
Ella siempre había tenido un desequilibrio académico muy marcado: sobresalía en ciencias y matemáticas, pero en literatur